domingo, 15 de febrero de 2026

Otoño de un río


 Dualidad en el barro de retornar sin pérdida.

Hace un fragmento que los pájaros 

trasladaron densidades.

Incendiado un cuerpo estalla su repliegue 

y el sol vivisecciona

lo que tuvimos en vertiente.


Trabajar sin forma la penumbra cierta.

Un jardín denota lo que poda tu garganta.

Para después hay un presente 

que no duerme en paralelo.

Microclimas en el ego no destemplan

el poema. Discurre la evidencia 


lo que respira toda entrega

y no hay silencio que se opaque

en la destreza de una flor.

Más el viento es polen de chirridos 

sola mente si quebró 

en toda ventana que amanece.





Parsimonia

 Esta pretensión canta un grillo repentino.

No hay escuelas ni teorías ni tendencias.

Pierde antigüedad el silencio que bebía.

Masticada de flores el fruto de tu risa.


El hundimiento ritual te quiere apelmazado.

Mucho más la miseria sube un lastre.

Ordena la luna su cósmica jerarquía.

Nada es posesión en todo lo que flota.


Fantasmáticos cruceros pisan el aire.

No es suficiente la voluntad.

Ahora es desnudo todo rastro.


Un sonido está apenas desleído.

Otra sed morirá el invierno.

Nadie responde vulgares vigilancias.




jueves, 5 de febrero de 2026

Contextos

 El tiempo no existe es peor que un /reloj,

la luz lastima el epicentro de /aquello,

no ver salva la sombra,

pequeños árboles decían que ajeno /todo el mundo.


Nunca más vivo un querer 

tan indeciso que abrazó lo intenso.


Un fruto está riéndose en el cuello 

de la luna más cuadrada

que insignificó el humo dentro del /humo



truncado efímero momento largo

excepto siempre tu extraordinario

/corazón. 


domingo, 18 de enero de 2026

Malestar de las sílabas

 Restos de todo el aire en el aire,

la nostalgia del mar se va en/gaviotas.

No tiene asidero este pulso/mediocre

porque oscuramente respira 


la asfixia vagabunda en un soneto.

Desaparecieron las puertas 

debido al exceso de picaportes 

y otro metal derrite los peces de la/luna.


Terceto herido de un antiguo rastro,

no importa ni el vahido 

de la calle que es un templo 


para colmo de las cuentas 

millonarias en las gotas

para un oscuro viento de mi /nombre.



viernes, 9 de enero de 2026

Desconcierto

 Laberinto de un desierto en flor 

el pan no se regatea 

para cuando toda lluvia

viene un lago que decir no escribe 

                       /el cielo.


Un milagro es cada día 

atenuar la sangre del dolor.


Por puro margen que lloró 

la planicie ardua de otra espera,

yo vi caer en explosiones

la ternura lastimada,

por donde algunos pájaros trinaban

el futuro menos duro la memoria.


Después vacío del instante 

tremolò el silencio una plegaria 

y había por fin un rudimento

sin estatuas en la piel.


Ahora el ruido está pasando 

la ventana sin saber

ya más nada en el lenguaje.

Falta como siempre 

definir nuestros abismos.






domingo, 21 de diciembre de 2025

Economía de guerra

    La determinación fue una y total. No era una changa más. Pintaba prolijo y cantando. Muy de a poco porque le dolía todo el cuerpo. Las herramientas y el material estaban completos y en orden. Supo callar, esta vez, todo aquello que no iba. Los demás empleos, las otras actividades, todas las changuitas, incluídos los sueños, las decepciones, los fracasos, toda imagen que lo llevaba a otra imagen. Como mentiras necesarias pero insolventes. Todo repleto de pantallas. Cada vez más finas, más delgadas, más tenues, más dinero, más planas, más lejanas, más incomibles, adormecedoras pantallas. Comer vidrio casi literal, como a plomo de cada baño, de toda tos, de mucha helada como colegio con suerte. 

   - Algunas son de plástico y las tiran a la basura - le dijo un pajarito, sonriendo pa'dentro.

   - Basura. Todo es basura. Desperdicios en el alma la locura. Erótica y maloliente basura. Seducción de alcantarilla. Flojera espantada en el residuo de la palabra misma. Oscuro trapo retorcido. Falto de aire. Densidad fétida que ni las moscas se acercan. Piel deshechada harto curtida sombra en el espectro fluidico de cada tarde. Estornudo paupérrimo sin solución de pacto o las pequeñas traiciones mudas. Basura. Lealtad infinita de la basura. Revolcón sin vuelo ni halo ni aura ni temple ni en escozor erradicado por nubes ciertas. Pañuelo reseco de la llovizna enferma. Legañosos vendavales quedándose vacíos, faltos de premonición y ruptura. Escuálida y flaca basura.

   - Ajá - respondió con aplomo el colibrí. - Muy literario todo.- y se alejó aleteando como un ventilador.

   Quedó en cuclillas en medio de la calle. El espanto se sucedió. Personas comiendo de la basura. Recordó el pan, aunque la afinación poética era ya un éxodo. Calles y más calles. Fue liviano alguna vez, caminando como quien flota y sobrevuela. Sin ambiciones. Sin historia propia por imposibilidad de ser contada. Su mucha soledad que era todo incertidumbre. No es recomendable mirarse al espejo, después de leer poesía. También reír puede haber hasta el miedo cerval en las hendiduras y llanuras y desiertos. Desde siglos que estaba sin piel. El techo se le venía encima y saber los cielos, era una frágil desmesura. Entonces le alcanzaron la llave del departamento que estaba pintando. Unos mangos y seguir tirando. Lento, apocado, pesado, trabajoso, país de Sisifo y las grandes piedras. Todo por la borda como algunos? Descenso definitivo sin máscaras? Caída total de las cornisas por hartazgo, desesperación, pena y delirio? Le quedaba un colchón de una plaza. Siguió fumando y las costillas eran truenos. Empeines de los pies, doloridos hasta el grito. Escalera o ascensor. Ya daba igual. Con colchón y todo por las esquinas. Cientos de indigentes, vistos y conversaciones, quebrados y a veces risueños. Ningún clochard de Rayuela, aunque la referencia de un oscuro puente. Caminó diez cuadras y la vió. Flaca, desdentada, pintarrajeada y levemente etérea. El precio era todo su capital menos el telo barato. La changa de bulo y después, cómo saber ya cualquier después? Ya no sentía agitación ni nervio alguno. Así como muerto en vida, le propuso lo planeado. Desconfiada y recelosa, de a poco fue diciéndole que sí. Colchón en mano y calentura en ristre, allá fueron Adán y Eva en procura de manzanas. Caminaban y casi reían, porque el colchón era una carpeta demasiado grande bajo el brazo. Perspectiva de intemperie le cruzaban los ojos y quién te ha visto y quién te ve. Pánico instalado y la abandonada costra de los cuerpos. Como heridos de guerra sin solución de auxilio. Un dominó cayendo pero en pedazos y acaso un despótico dedo, perdido en su esencia de mano. Mismo horror ahuyentando la vitalidad que descansa y florece por mucho más allá de las pupilas.

   - Florece. El talento es una semilla que siempre florece, cariño.- Definió ella con una sonrisa semejante a un cielo abriéndose de nubes que pasan lentamente y nunca terminan. Cervantes no es inmortal por el mero hecho de su infortunio. Quizás ahí se esconda el sentido de la palabra talento, tan antigua y acaso más que la Biblia.

   - Eterno es que lleguemos a ese departamento, flaquito.- dijo ahora ella. Le deseó suerte, un beso en la mejilla y se alejó. Quedó ahí, como petrificado en la esquina y sin embargo, una sensación de piedad flotó en el aire. Supo que devolvería la llave, que haría unos pesos y que la vida continuaría. Pero no adivinó que interrumpirian sus servicios y la calentura seguiría siendo calentura, mientras no dejara de pensar de un modo sentencioso y solemne, soterrado y pretendidamente luminoso, medroso y atrabiliario, esquinado y ridículo, al borde pero volviendo, esperando alguna forma de brote, sujeta a mucha menos oscuridad. Rió como quien exhala un viento leve y caminó, bajo un peso relativo, de regreso a su casa. Ascensor o escalera? Vacío o fuerza? Nada pasa si no hay conflicto. La conmiseración es un mundo en paz. Se ven jardines, hermosos jardines floreciendo. Una prostituta muere desnucada al caer por la escalera, decía un pequeño apartado de algún diario. Un hombre fallece por falla técnica de ascensor, narraba casi otro matutino.




martes, 18 de noviembre de 2025

Después del cine

    Volaba de fiebre. Parece que sangrar es el precio de este frío. No era todo el corazón lo que latía en el cuerpo cierto de la felicidad. Irrumpe un recuerdo. Había cine en los bolsillos. Ganas de partir pero cómo y adónde. El humo es para siempre. Fue horizonte el campo. Todo es mentira, por supuesto. Cuando la vida más viajaba. Cuando mirar atrás no era pertinente. Un chat de terra. Una noche de semana. La soledad no tiene rumbo. No tiene norte. No tiene asidero. Tampoco las palabras quizás. El destino resbala caprichoso y no hay parámetros que sirvan a la hora de la urgencia. Una mujer golpeada. Una nouvelle de Faulkner. Ningún juicio verdadero. Un sol que no sabemos, pero vimos. La puerta de una casa allá en el norte argentino. Siempre la pobreza, el hastío, precariedad y algo endeble en el lenguaje. Los tiempos que se mezclan y lo indescifrable y misterioso de los nombres. Un reloj detenido. Si la desesperación mueve montañas, el amparo las resitua. Más años atrás dobló la infancia. Ahora es un recodo de las ansias, la simpleza evaporada en viento tanto.

   Presente en un decaimiento. Nadie escruta lo que piensa un árbol. La sentencia parcial es un reguero de caídos. Impersonal vuela otra pausa. Alquimia febril, delirio y torso. Sostenimiento de un deseo y veredas que se abren. Lados opuestos y la posible esquizofrenia. La memoria fallando en el título de una novela de Daniel Moyano. El cuerpo y los sonidos. La interminable tos. Un prólogo en el corto aliento. La ajena alegría por debajo de las cosas. Tres golpes de timbal. Por dentro esta distancia. Extrañamiento y hambre. Cansancio y vacío. Juego sin juego y pozos en el aire. Para hacer un mundo nuevo, de nuevo sin lo nuevo. Dispositivos de una mano que abraza el mentón. Verano sin veranito años de irse. Sonámbulo de lecturas. Compulsión de cuerpo herido. Ínfimo en rescates, sobrevive un limón.


   Tercera instancia. Escribir para sembrar el viento. Cuestión de fe. Abstracciones en lo incómodo. Presupuesto de los años. Más allá y en la caída, menos hermetismo en el oxígeno. Viudas en el celuloide. Presencia objetivada sin caprichos. Se impone recuperar el presente. Verbo de la eternidad, ubicuo, indescifrable, milagroso, sustancial. Y en peligro de extinción, todavía los colores. Golpe, caricia y cicatriz. Un arlequín. La providencia es más certera. Una claridad, ilumina esta modestia. El amor está ocupado. Supe el tiempo y lo anterior. Oscuridad que repite lo instantáneo. Intuición que no elabora. Punto de llegada y sin saber, seré más paz. Pasa un párpado la luz que espera.